La política de
paz total del gobierno progresista social liberal de Gustavo Petro se formuló en respuesta al infausto legado del cuatrienio de Iván Duque, quien además de hacerse a la tarea de hacer trizas ‒con evidentes resultados‒ el Acuerdo de paz suscrito en noviembre de 2016 con la extinta guerrilla de la FARC-EP, entregó al final del mandato presidencial un cuadro de persistencia de la violencia y el conflicto armado por cuenta de la confrontación con el ELN, la entrada en la escena de las denominadas nuevas guerrillas y la continuidad de diversas expresiones organizadas del mercenarismo narcotraficante y paramilitar.
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